Vocalizaciones de baja frecuencia en manadas de perros asilvestrados
Publicado el 12 de marzo de 2025 · 8 min de lectura
El papel de los gruñidos profundos en la delimitación del espacio de pastoreo.
Durante la temporada de campo de 2024 en la Patagonia chilena, registramos más de 200 horas de grabaciones acústicas en tres manadas de perros asilvestrados que pastorean en los márgenes de la estepa. El objetivo era identificar cómo estas vocalizaciones de baja frecuencia —entre 80 y 120 Hz— funcionan como marcadores territoriales sin necesidad de enfrentamiento directo.
Los resultados preliminares muestran que los gruñidos profundos se emiten principalmente al atardecer, cuando las manadas se aproximan a los límites de su área de campeo. En el 78 % de los casos registrados, la vocalización iba acompañada de una postura corporal específica: cabeza baja, orejas hacia atrás y cola rígida en posición horizontal. Esta combinación parece indicar una advertencia clara, pero no una amenaza inmediata.
Comparamos estas señales con las de lobos grises (Canis lupus) en el Parque Nacional de Yellowstone y con perros de guarda en explotaciones ganaderas de Extremadura. En los tres grupos, las frecuencias más graves (por debajo de 100 Hz) se asocian a contextos de delimitación de espacio, mientras que los gruñidos más agudos (por encima de 150 Hz) aparecen en situaciones de conflicto directo. La diferencia principal está en la duración: los perros asilvestrados mantienen el gruñido una media de 2,3 segundos, frente a los 1,1 segundos de los lobos.
Desde una perspectiva evolutiva, estas vocalizaciones minimizan la violencia intraespecífica. Al emitir una señal acústica clara y de bajo coste energético, el emisor evita el desgaste de una pelea y el receptor puede retirarse sin perder estatus. En las manadas estudiadas, solo en el 12 % de los encuentros tras un gruñido profundo se produjo contacto físico.
Para los etólogos de campo, recomiendo grabar con micrófonos direccionales y analizar los espectrogramas en busca de armónicos secundarios. La presencia de un segundo pico entre 200 y 250 Hz suele indicar que el animal está en un estado de alerta elevado, lo que puede preceder a una escalada. Llevamos un cuaderno de campo con las coordenadas de cada evento y la distancia al receptor, datos que permiten correlacionar la frecuencia con la distancia de disuasión efectiva.